Que me quiten lo bailao: artes visuales en la Cuba del 2000. Por Dra. Magaly Espinosa

El pensamiento puede, por supuesto, trascender el contexto,
pero no puede escapar de él…

Kevin Power

La realidad cubana en cualquiera de las direcciones en que se mire, es un poliedro de acontecimientos y situaciones, acomodos del tejido social, de la dinámica de la cultura popular, de la vida citadina, como diría el filósofo Emilio Ichikawa, “…todos los espacios albergan fragmentos imprescindibles de esa mezcla burbujeante que es nuestra cultura. Sin los efímeros, los paseantes y los plantados no hay ajiaco posible.” (1) Estas figuras sociales son una metáfora del espacio crudo de la realidad, una realidad a la que el arte se acerca y con la que no quiere tener que ver el más complaciente.

Las artes visuales en Cuba partiendo del denominado nuevo arte cubano, han estado marcadas por una incesante búsqueda en lo formal y lo temático, por el despliegue de una conciencia crítica, por los litigios con la institución. Ello ha comportado alzas y bajas, rupturas y continuidades, y lo más tentador, para aquel juicio crítico que intente calibrarla, se encuentra en lograr un balance justo al interpretar esos vaivenes.

¿Qué elementos hay que considerar para valorar el estado de un proceso artístico tanto en lo concerniente al discurso que lo fundamenta, como a las circunstancias sociales y culturales que lo rodean? Responder de forma adecuada a esta interrogante puede dar cabida a varios ensayos o investigaciones, aunque la referencia comprenda el espacio temporal de algo más de una década.

En el contexto de la crítica cubana hay criterios diferentes, unos más tolerantes, otros más intransigentes, en cuanto a interpretar las posturas adoptadas por el arte bajo los apremios de las nuevas circunstancias sociales y de su propia dinámica. Teniendo en cuenta la brevedad de este texto, me detendré en un conjunto de coordenadas que facilitan una aproximación a esas circunstancias, a los cambios de estrategias de un proceso que está sostenido por una fuerte tradición, enfrentándose a los ingentes retos que aparecen cuando se creía que todo era conocido y que se había experimentado suficientemente.

 

El arte y sus exposiciones

El hecho de estimar el arte a través de las exposiciones (2) es una de las vías más expeditas para ordenar su historia, y poder conocer qué líneas creativas, tendencias y estilos predominaron, qué tipo de discursos ocuparon el terreno de las polémicas que toda actividad curatorial genera, qué políticas de selección prevalecieron, elementos imprescindibles en la búsqueda de regularidades que permitan comprender la lógica que sustenta esa historia.

La curaduría y el comisariado, según las denominaciones al uso, es un terreno en el que interviene un conjunto de variantes a través de las cuales se expresan las políticas que se adopten, apunten estas al arte de los maestros, al experimental, al sociológico, al antropológico, o a los interesados en temas muy actuales: el artista en calidad de autoetnógrafo, la autobiografía artística, la memoria, el documento, el género, la raza, los microsujetos sociales, la relación entre lo global y lo local, entre otros. Esta diversidad de contenidos, el pluralismo, el carácter expandido del arte y los experimentos formales con relación a la imagen, hacen que el acto de curar o comisariar sea complejo, por la propia variedad de políticas que se pueden desplegar, vayan en dirección, tanto a lo que se valore en sentido artístico, como a todo lo que se le incorpore convirtiéndose en memoria y documento. Pero a su vez, hay que tener en cuenta cuando se piensa en tal actividad que “…A pesar de la actual proliferación de cursos en estudio de comisariado, no cabe destacar ninguna metodología auténtica ni ningún legado claro…” (3).

Con esta afirmación, no se desconoce que hay normas generales establecidas por la práctica curatorial vinculadas con la relación entre el concepto curatorial y las obras que lo avalan, las sujeciones mutuas de las obras y la forma en la que interactúan con el medio social y cultural que las rodea, teniendo en cuenta también, que esta labor es un componente del arte que aún contiene muchas imprecisiones.

En nuestro contexto, es sabido que el mayor peso de la política curatorial se concentra en las instituciones del estado, sean museos, galerías, espacios expositivos o centros docentes, y en menor medida las galerías alternativas. Aunque estos son aún insuficientes, si consideramos el número de artistas que egresan anualmente, es necesario resaltar que ellos han acogido una gran diversidad de proyectos y exposiciones, a lo que se suma, en los últimos años, el crecimiento del número de talleres artísticos y de galerías particulares orientadas sobre todo al mercado.

Dentro de esa diversidad, valgan señalar los eventos: La Huella Múltiple, los Salones de Arte Contemporáneo, así como Las Bienales de La Habana, y la actividad desplegada por La Fundación Ludwig, los Proyectos Circo, Cascarilla, Parábola, LASA, Festival de Videoarte de Camagüey, Los Salones de Arte Digital, Salle Zéro, Proyecto Batiscafo, la labor de la Galería Aglutinador. También se pueden destacar las exposiciones colectivas: Makarov (2004) Labores Domésticas. Versiones para otra historia de la visualidad en Cuba (2004) Bueno, Bonito y Barato, (2005) Viene el lobo (El verdadero loop) (2010) Ya se leer (2011) Señales de vida. Arquitectura y diseño cubanos y contemporáneos (2013) y las personales Auge o decadencia del arte cubano (2006) de Flavio Garciandía, Trastornos del lenguaje (2009) de Ernesto Leal, Patria (2012) de Alejandro Campins, Caja Negra, de Jorge López Pardo (2012) y de obras como: Uno, dos, tres probando, Galería DUPP (2000) Nieve (2007) de Rocío García, No hay otra salida (2012) de Carlos Montes de Oca, La Caridad del Cobre de Ítalo Expósito (2012) las piezas en video Yo no le tengo miedo a la eternidad (2006) de Javier Castro, Vía Crucis, (2009) de José Angel Toirac y Reencarnación (2007) de Lázaro Saavedra y su Galería I-Meil. (2007- ) Las muestras en video, desde Copy Right (2002) hasta adn (2011) las gestiones del curador, crítico y artista Frency Fernández y de un conjunto de artistas interesados en el arte de los nuevos medios, o de aquellos proyectos expositivos que actúan teniendo en cuenta las características del espacio, tal fue el caso de las exposiciones an Sich (2003) que ocupó la Casa de Cultura del municipio Plaza, Referencias Territoriales (2008) que dominó un espacio en los muelles de La Habana, Quinto Día, ( exhibida en Nuestra Señora de la Santísima Virgen del Carmen (Iglesia del Carmelo) y del Proyecto que intervino el cine Águila de Oro (2012).

Los diferentes proyectos pedagógicos emprendidos bajo la tutela de los artistas Lázaro Saavedra con ENEMA, René Francisco con DUPP, Ruslán Torres con DIP y Tania Bruguera con La Cátedra Arte de Conducta, se suman a este conjunto y constituyen un aporte encomiable, así como el magisterio del artista Luis Gómez, al frente de la Cátedra de los Nuevos Medios del ISA. Un trabajo curatorial de investigación y ejercicio crítico digno de mención, es el realizado por la crítica y curadora Caridad Blanco, alrededor del tema del humor gráfico y las publicaciones que lo han acogido. (4) También se debe considerar la obra de otros artistas que trabajan fuera de Cuba, extendiendo con ellos el territorio imaginario de la isla.

Con relación a las nuevas publicaciones se deben citar las revistas Arte por Excelencias, la revista digital artcrónica.com y el boletín digital del Archivo Veigas, todas iniciativas particulares que oxigenan el ambiente a favor de la crítica. Es loable la sistemática faena que viene desplegando el Sello ARTECUBANO EDICIONES y los libros hechos por artistas: “08 Espacio de experimentación visual” “El extremo de la bala” y las memorias del colectivo ENEMA, así como la crítica radial mantenida por el crítico y curador Antonio Fernández Seoane.

Un estudio más minucioso ayudaría a comprender en qué dirección cada uno de los ejemplos citados contiene aspectos que simbolizan la dinámica visual del presente y su valor siendo un modelo de esa dinámica, teniendo en cuenta que son manifestaciones artísticas que apuntan a resaltar un aspecto de los muchos hacia los que se dirige la creación visual en la actualidad, sea en dirección al valor de lo conceptual, como logró presentarlo Ernesto Leal, o hacia la estética relacional, que asumen algunas de las obras de la exposición Bueno, Bonito y Barato, o hacia la calidad pictórica contenida en la obra de Alejandro Campins, mientras que por otra parte se destaca el suceso particular que ha significado la creación y sostenimiento de Galería I-Meil.

Se hacen difíciles las relatorías de este tipo, porque siempre son insuficientes, pero ayudan a encauzar las consideraciones valuativas del contexto de referencia y nos permiten trazar una línea creativa que en ningún sentido aclama el hedonismo o la evasión con la que cierta crítica pretende catalogar el arte más reciente. Algunos de los buenos acontecimientos se olvidan, pero si la mirada al decenio habla a través de los proyectos y las exposiciones aludidas, o de aquellos que se mencionarían en un estudio más extenso, solo habría que rastrearlas para no perder el ánimo en medio de un tiempo tan implacable.

Como dijera un coleccionista: “…creo que las buenas obras no van a desplomarse dramáticamente. Sobre todo porque el arte es un bien escaso”. (5) Él se refiere al mercado del arte, y valga la cita de alguien que vive el arte desde una dimensión más glamorosa, pero en esa dimensión o en la nuestra, más identificada con la vida social y cultural que nos circunda, las buenas obras siempre son una minoría, pero de un poder impresionante, ellas dan vida a lo que traspasa el tiempo, a las dudas sobre cómo valorar qué es y qué no es arte.

 

Las rupturas y las continuidades. Balances críticos

En la teoría contemporánea del arte se habla poco de este par de categorías, es lógico que así sea cuando nos encontramos frente a un brutal pluralismo, una expansión que desdibuja cualquier orden y hace casi imposible los deslindes entre el arte y las falacias que lo envuelven, las prácticas sociales que no apelan al valor estético, sino a la imaginación del artista para despertar el tejido social, y la masificación de las experiencias con la imagen que ponen a la orden del día aquella máxima de que todo hombre es un artista.

Los años anteriores nos trajeron exposiciones, eventos y obras que hoy vemos como paradigmáticas: las primeras Bienales de La Habana, muestras del calibre de Una mirada retrospectiva, (1989) que asienta el concepto del artista como hacedor, Proyecto Castillo de la fuerza (1989) Las metáforas del templo, (1993) y Relaciones peligrosas (1995) eventos sociales como El Juego de Pelota (1989) o las asonadas de Arte Calle, a finales de los años 80, las obras en pintura que de conjunto hicieron René Francisco y Ponjuán, y para resumir se podría apelar a aquella frase que me dijera en una ocasión el ensayista y poeta Victor Fowler: “Reviva la Revolu” de Aldito Menéndez, es una obra que marca el arte cubano”.

¿Encontramos hoy tales sucesos? Sucesos que se convierten en modelos porque sintetizan una época, marcan un momento de llegada o de ascenso, representan la maduración de cualidades estéticas que identifican la producción artística en su conjunto. Este sería un tópico interesante a estudiar, porque si cada época tiene sus santos, sus ídolos y sus demonios, ellos lo son porque pretendemos parecérnosle.

En el contexto del arte cubano, ante las inseguridades que vivimos, mirar la línea evolutiva de lo que este ha sido estos últimos 30 años, y lo que ello representa para la última década, puede dar una perspectiva de conjunto, más certera para comprender su presente, que simples negaciones o exaltaciones sobre su estatus.

Si se traza ese balance desde el pensamiento crítico, topamos que en la mayoría de los textos escritos desde los años 90 hasta el presente, se busca reflexionar sobre las cualidades distintas del proceso artístico en lo estético-artístico, los vínculos y los intereses con el contexto socio-cultural, los cambios presentados en las relaciones entre el arte y la institución que lo representa y las presiones e influencias del mercado del arte. Siguiéndolos se podría hilvanar una delgada línea que conecta el tiempo transcurrido como un suceder de causas y efectos, sobre ello:

-habría que empezar con lo expresado por el crítico y curador Kevin Power refiriéndose a la presencia de los años 80 en los años posteriores: “Los 80 se meten así en los noventa incluso si los artistas no lo hacen…” (6) Una reflexión similar ofrece la crítica y curadora Elvia Rosa Castro “…El llamado <renacimiento cubano> se ha convertido en una carga pesada que todos han de llevar aunque, incluso, no les interese.” (7)

-el crítico y curador Gerardo Mosquera nos brinda una de las definiciones más fuertes del arte cubano: “La mala yerba”: “…A pesar de la pérdida del clima cultural de los 80, el éxodo intelectual, la contracción de la enseñanza del arte, el jineteo y la situación extrema en la que se encuentra el país, los artistas siguen brotando en Cuba como mala yerba.” (8)

-a partir de los años 90 se produce un giro dialógico impuesto al discurso artístico…el corte violento que se verifica en la política promocional de la plástica joven…un progresivo declive de la chispeante <vida pública> de las artes plásticas…” Nos dice la crítica y ensayista Madelín Izquierdo. (9)

-en uno de sus textos, el recién fallecido ensayista y crítico de arte Rufo Caballero apunta una brillante idea que aunque está referida a La Cátedra Arte de Conducta, nos da un orientación en el tema. Él señala que esta fue: “…uno de los motores esenciales para la salida del estancamiento del arte cubano entre los años 90 al 2000…el espacio ideal para el adiestramiento de un tipo de artista <funcional> que concibe la creación, más que como un objeto acabado, codificado y relamido por la estética, como el proceso de revelación de zonas de la realidad…” (10)

-la crítica y curadora Sandra Sosa afirma: “El arte cubano se ha desplazado del reducto palpable de la Isla al reducto inaprensible del individuo. La filiación nativa se ha ido perfilando hacia un universalismo que busca sus fuentes de alimentación en el Ser y en el reconocimiento de utópicos espacios de individualidad. Y no es que se hayan perdido las alusiones a nuestra maquinaria social, solo que estas han dejado de ser explícitas para recogerse en la obra de arte, por perspicacias al plano interior del individuo artista y del receptor.” (11)

-la generación 00. El término lo creó la crítica y curadora Yuneikys Villalonga, como expresa Sandra Sosa “…fue un instrumento crítico que homogeneizó la producción de ciertos jóvenes plásticos, algunos de los cuales pertenecían a los grupos ENEMA y DUPP…Bajo el signo del pluralismo estético que exige la contemporaneidad, hubo de todo: pintura, objeto, dibujo, instalación, pero con el protagonismo de la fotografía y el video arte…Sin duda un tipo de sensibilidad está cobrando forma o, más bien, recobrándola.” (12)

-Elvia Rosa Castro, lo aprecia de la siguiente manera: hay “…dos tendencias diferentes y solo a ratos definidas en el arte realizado por jóvenes ahora mismo en Cuba: una de clara raíz sociológica y otra bastante introspectiva, pro-orientalista…” (13)

– respondiendo a una encuesta realizada para la exposición la conjunción de la nada el arte cubano en el nuevo milenio, el crítico y curador Nelson Herrera Isla, a la pregunta ¿Cómo ve usted la proyección del Arte Cubano para el Nuevo Milenio? con su acostumbrado sentido del humor comentó:

-“Habrá continuidad en el espíritu crítico y reflexivo que siempre lo ha caracterizado. Pero solo por algunos años de ese nuevo milenio, porque es imposible prever qué sucederá en los próximos 900 y tantos años.” (14)

-respondiendo a la misma pregunta Gerardo Mosquera argumentó:

“Pronóstico:

No soy babalao, pero me atrevo con dos letras para el nuevo milenio:

1) Elegguá. El arte cubano dejará de ser “arte cubano”, mudándose el foco del colectivo a los artistas individuales, quienes incrementarán su circulación global.

2) Odudduá. Se establecerá un territorio transnacional La Habana-Miami, con una fuerte escena artística.” (15)

¿Tiene esto algo de cierto o se equivoca?

Tales enfoques y definiciones abren el análisis de un panorama cargado de utopía y de su pérdida, cinismo, buen oficio y arte social, cualidades que dibujan un presente nada coherente, ni fácil de evaluar o juzgar, en el que todo convive, desde las prácticas performáticas, hasta un arte de contenido socio cultural y uno más personal e íntimo.

Las líneas creativas identificadas por la crítica desde los años 80 fueron: la línea vernácula-kistch, la línea sociológico-crítica y la línea antropológica, las que forman parte de la orientación más general a la que escasos juicios críticos en el presente se remiten. Quizás sean valoradas como poco funcionales, sin embargo, están ahí, agrupando una creación que sigue siendo motivada por los contenidos venidos del contexto. Ello es tangible sobre todo en la video creación, la obra procesual, la fotografía y en las instalaciones, en menor medida, se observa en la pintura, la escultura y el grabado, que generalmente están más volcados en lo personal, lo íntimo o hacia temas universales. Sin embargo, en estos se pueden encontrar creadores que relacionan su creación al contexto social, como ocurre con la producción exquisita de Sandra Ramos, modelo de conjunción de las vivencias personales proyectadas desde él, o la sorpresa de la reciente obra en grabado realizada por el artista Marcel Molina, Solo uno tiene la verdad (2013).

Sobre esa orientación general, contenida en las líneas creativas mencionadas se podría citar un buen ejemplo, y tomo para ello un fragmento del texto escrito por la crítica y curadora de arte Cristina Vives, sobre una serie fotográfica reciente de Alejandro González: “Re-construcción no tiene entre sus propósitos recordarnos lo sucedido para aliviar la desmemoria, tampoco tiene matiz nostálgico o recriminatorio; es algo mucho más profundo como investigación artística y socio-histórica, ya que intenta llenar los espacios vacíos de información; cubrir desde la fotografía lo que ha sido divulgado solo parcialmente; mostrar lo que por diversas razones quedó oculto; aquello que fue tergiversado; o simplemente nos fue escamoteado” (16) En apenas una cuartilla la autora nos acerca al valor estético, ideológico y social de la obra de referencia. Seguramente no era una consideración ni del artista, ni de la crítica, ubicar la obra en una línea de continuidad, pero su perfil estético, así lo corrobora, su manera original de entrar en la historia, evaluarla y que sea la imagen la que la exprese.

Puede ser que la ríspida subsistencia esté devorando la sensibilidad evaporándose la espiritualidad que siempre protege la creación artística, puede también suceder que la inseguridad hacia el futuro no deje ver con claridad las elecciones, que predomine el “todo vale” tan entronizado por la globalización. Pero, ante tales circunstancias solo hablará el arte y la responsabilidad social que lo acompaña, ella es parte de la autoconciencia del artista, y será él quien decida si tomarla en cuenta o ignorarla.

 

La conciencia crítica

En este epígrafe no me voy a referir a la autoconciencia crítica de los artistas, tan abordada en textos y escritos desde la década del 80, sino de la que se expresa a través del ejercicio del criterio, un ejercicio que no siempre se ha podido ejercer en las condiciones más favorables. Es difícil practicar bien el criterio si cuando así se hace se vuelve un acto problemático, recordemos todo el revuelo alrededor del texto escrito por el crítico Héctor Antón, sobre la obra del artista Alexis Leiva (Kcho) Sin embargo, tan perjudicial como ello es la actitud pasiva que mantiene el gremio “…Es obvio que en un sentido han cambiado las posturas de los artistas y en otro, la propia crítica se ha debilitado. En ocasiones, se ha ejercido el criterio bajo consideraciones que en décadas pasadas habrían removido la conciencia crítica, pero ahora predomina la pasividad, y ocurra lo que ocurra, no se provocan respuestas. Podría referirme a los Premios de Curaduría, otorgados durante los dos últimos años, a las exposiciones con propuestas que no dicen nada, a la crítica tutelar, que elogia a artistas con una mala obra porque el texto ha sido remunerado, a la falta de ética en el ejercicio del criterio y no estaría exagerando en modo alguno…” (17)

En este balance entre las dificultades para ejercer el criterio y la poca acometida por la colectividad de críticos, ella no sale bien parada, teniendo en cuenta que la época que vivimos ya no es tan “complaciente” con el arte y cada día serán más descarnadas y riesgosas las relaciones entre el arte y todo el sistema que lo rodea.

De manera general, no han abundado en esta década, como sí ocurría en las pasadas textos generales que ofrezcan una visión de conjunto del proceso artístico (18) aunque sí se cuenta con críticos, que en muchos casos son a la vez curadores, que ejercen su oficio con calidad profesional y con investigaciones como la realizada por el curador y crítico David Mateo alrededor del grabado (19) y de María de los Ángeles Pereira sobre la escultura (20) entre otras.

Si en un sentido, los temas más emprendidos por la crítica han seguido la clasificación general en las que están contenidas las líneas arriba mencionadas y tendencias como el neohistoricismo, los límites generacionales, las relaciones con la institución, los vínculos entre arte y política, la utopía, el cinismo, el oficio engrosando la metáfora, la forma de aplicar los procedimientos constructivos del postmodernismo, las interacciones entre lo local y lo global y las relaciones con el mercado, en otro, aunque percibo que esos tópicos se mantienen en el trasfondo de las cuestiones que se abordan, hoy se debe insistir en los vínculos entre arte y ética, en el tema de la responsabilidad social del arte, y sobre todo, en las posturas que se adoptan hacia las delicadas y en ascenso relaciones con el mercado.

En un conversatorio entre el artista René Francisco y Antonio Eligio Tonel, (21) este último apuntaba a los varios intentos del arte cubano por insertase en el mercado internacional, como “arrancadas en falso” Estas arrancadas son hitos que establecen una línea de continuidad entre la producción nacional y sus aperturas hacia el contexto internacional del arte, puntos de referencia para analizar el proceso artístico en su conjunto y sus posibilidades de inserción en el mismo.

Sin desconocer las facilidades que el mercado brinda de visualización para la labor del artista, del curador y del crítico, y de calidad de vida en lo personal, es imprescindible una distinción entre el arte y las exigencias que este impone, porque esta distinción es las que asegura la continuidad del proceso artístico y la efectividad de un juicio crítico que lo respalde. Valga entonces citar lo expresado por el artista Fidel García, en la presentación de su obra en el espacio Pensando sobre arte contemporáneo: “el artista debe diferenciar su obra de aquello que exige el mercado.”

Pero a su vez, si se considera que todo arte social y político es oportunista y folklórico, más interesado que la misma pintura en el mercado, se desdeña su carácter local y se sobrevalora un tipo específico de arte sobre otro, o las versiones espectaculares que en el seno de lo artístico pueden germinar, se harían difíciles para los juicios críticos las valoraciones más integrales, necesitadas de sopesar los diferentes elementos que integran todo proceso artístico, estén referidos a cualidades estéticas o a condiciones socio-políticas.

El pintor Michel Pérez “El Pollo” preocupado por una interpretación sobre el lugar del pintura en el contexto actual de las artes visuales señala: “…Cuando se habla de una “nueva pintura” en Cuba existen ya varios estigmas que me gustaría revisar y creo que estas nociones las compartimos casi todos los artistas implicados. La primera y más recurrente de estas afirmaciones es quizás la siguiente: “A estos nuevos pintores solo les interesa el hecho de pintar por pintar “o “Todo es un pretexto para pintarse un buen cuadro. Esta es quizás la más errónea de las afirmaciones que se han hecho al respecto. ¿Como es posible que un buen cuadro no se piense, Como podemos separar la noción de una “buena pintura” de la profundidad conceptual o de pensamiento. ¿Quien ha visto una “buena pintura” exenta de contenido?…” (22)

Es de conocimiento general, lo dulzona que puede ser cierta pintura para el mercado, un plato fácil de ofrecer, pero ello no quiere decir que pintar signifique fundamentalmente valor comercial. Ya desde la exposición Pintura húmeda (23) se avizoró el despegue de una promoción muy valiosa de jóvenes pintores que han activado este tipo de arte en el contexto general de las artes visuales. Pero este fenómeno al catalogarse como “nuevo” se le compromete a asumir un papel que este tipo de arte no puede desempeñar en el panorama de la visualidad contemporánea.

En lo que concierne al arte es difícil hacer pronósticos, pensar en términos futurológicos, pero ello no excluye la importancia de juicios que pretendan vislumbrar las proyecciones de un movimiento artístico y con ello orientar a la propia creación. Apreciar la diversidad formal y temática y la variedad de géneros artísticos representa un impulso en su evolución. Seguramente al hacerse más versátil, al interactuar con otros contextos estará más preparado para esa arrancada de la que hablara Tonel.

En el plegable de su más reciente exposición Elvia Rosa Castro expresa: “Así se fue armando Tócate, y lo que había nacido del despropósito fue articulándose a expensas de mis intereses intelectuales. Sin darme cuanta (¿o sí?) había seleccionado obras que, en muchos casos, se han ido tras la historia para desmantelar los relatos oficiales modulados desde los espacios del poder. Este no es el núcleo de la muestra pero sí la tendencia dominante…” (24) Me preguntaría entonces: ¿Está también el arte político haciendo de las suyas?

La obra Reencarnación (25) de Lázaro Saavedra, consiste en un montaje de texto visual y de banda sonora, que funciona también como texto. Una apropiación del género del video clip que convive con el fre-cinema, lo que da por resultado una pieza cargada de sentidos sociales y culturales. El artista la comienza con la siguiente nota:

“Develando los pactos secretos que se establecen entre el “enterramiento” y el olvido deliberado, en la cultura de los pueblos existen muchos fantasmas, esos seres proscritos de la representación legitimadora que no tienen derecho al Reino de los cielos vagabundean en un punto inexacto entre el cielo y la tierra. El arte da la capacidad de caer en trance y el artista, como un médium al fin, establece contacto con esas almas en pena y hace todo lo posible para darles una justa sepultura, para que descansen en paz y se abra para ellos el Reino de los Cielos.”


1. Ichikawa, Emilio. La metáfora del ajiaco. En: Rev. Proposiciones. Fundación Pablo Milanés. La Habana. Año 1. Edición Segunda. 1994. Pág. 66.
2. Para ello puede consultarse: Guasch, Anna María. “El arte del siglo XX en sus exposiciones. 1945-1995” Ediciones del Serbal. Barcelona, 1997. Marchán Fiz, Simón y colectivo de autores.” Escritos de arte de vanguardia 1900/1945” Ed. Turner. 1979. En estos textos los autores recorren los escritos y las exposiciones para alcanzar un relato del arte entre los años acotados.
3. Cherix, Christophe. Prólogo “Hans Ulrich Obrist. “Breve historia del comisariado”. EXIT Publicaciones. Madrid, España. 2010. pág. 10.
4. Sus dos principales exposiciones del decenio han sido: Maneras de inventarse una sonrisa. CDAV. La Habana, 2003. La ubre del humor. Humor gráfico cubano contemporáneo. CDAV. La Habana, 2011.
5. Tomado de: http://blogs.elpais.com/con-arte-y-sonante/2013/05/el-arte-contemporaneo-a-punto-de-explotar.html.
6. Power, Kevin. Cuba: una historia tras otra. En: “Antología de textos críticos. El Nuevo Arte Cubano” Magaly Espinosa/Kevin Power. Editores. Perceval Press. Santa Mónica. España. 2006. Pág 225.
7. Castro, Elvia Rosa: De la megalomanía ética a la bobería al nullpunkt. En: Revista Arte Cubano. La Habana. No 1/2010. Pág. 29.
8. Mosquera, Gerardo. Crece la yerba. En: “Arte. Proyectos e ideas” Universidad Politécnica de Valencia. España. 1992. Pág. 171.
9. Izquiero, Madelín Las Razones del Poder y el Poder de las Razones. En: Revista Proposiciones. Fun. Pablo Milanés. Año I. Edición No 1. La Habana, 1994. Pág. 45.
10. Caballero, Rufo. Arte cubano, 1981-2007: dime lo que más te ofende. En: Rev. Temas. La Habana. No 56/ octubre-diciembre de 2008. Pág. 60.
11. Sosa, Sandra. De parricidios e incestos. Texto inédito. Copia impresa. Pág. 49.
12. Sosa, Sandra. Entre el ademán y el acto. Emergentes en el arte cubano contemporáneo. En: Revista La Gaceta de Cuba. La Habana. No 4. Julio-agosto/2007. Pág. 35.
13. Castro, Elvia Rosa. De la megalomanía…Op, cit. Pág. 30.
14. En: Plegable de la exposición: la conjunción de la nada arte cubano en el nuevo milenio. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. Enero, 2000.
15. Idem.
16. Vives, Cristina. Fotografiar lo que nos falta. En: Boletín digital Archivo Veigas. La Habana, 30 de mayo de 2013. No 11.
17. Espinosa, Magaly. La crítica de arte en Cuba: ¿Quién le pone el cascabel al gato? En: Noticias de arte cubano. La Habana. No 12/2012. Pág. 6.
18. Entre ellos habría que señalar: Rufo Caballero. Arte cubano, 1981-2007 Op, cit. Elvia Rosa Castro. De la megalomanía…Op, cit. Sandra Sosa. De parricidios e inciertos. Op, cit. René Francisco: del arte a la pedagogía. Antonio Eligio Tonel. Conversatorio En: Revista La Gaceta de Cuba. Septiembre-octubre, 2010. pág. 18-23.
19. Mateo, David. “Incursión en el grabado cubano. 1949-1997” Ed. ARTECUBANO EDICIONES. La Habana. 2001.
20. Pereira, María de los Ángeles. “Escultura y escultores cubanos” Ed. ARTECUBANO EDICIONES. La Habana. 2005.
21. René Francisco: del arte a la pedagogía. Antonio Eligio Tonel. Op, cit.
22. Se pude consultar en: http://www.facebook.com/michel.perez.31521.
23. Exposición colateral al Cuarto Salón de Arte Cubano. Biblioteca Nacional José Martí. La Habana. 2005.
24. Castro, Elvia Rosa. Papelitos cuentan. Plegable, exposición Tócate. Galería Habana. La Habana, 2013.
25 La obra descansa en una apropiación del documental PM Pasado Meridiano, un cortometraje experimental realizado por Orlando Jiménez y Sabá Cabrera. Él presenta la vida nocturna de la Habana, de sus bares y cafés saturados de trasnochadores impertinentes, a través de un itinerario que la recorre de un lado al otro: del Puerto de Regla al Puerto de la Habana, a la Playa de Marianao y de nuevo al Puerto de Regla. Sus imágenes son tomadas con cámara oculta, convirtiendo en memoria un presente muy cercano, por el que parece no haber pasado el tiempo.
De dicho documental, Saavedra extrae varios fragmentos y sustituye la banda sonora original por un número musical del grupo de Elvis Manuel, uno de los grupos de reguetón más escuchados a pesar de ser divulgados a través de vías alternativas musicales. Los sucesos políticos que acompañaron al corto le adicionaron a su contenido sentidos extraartísticos que lo han convertido en un material muy apetecible. Su censura en el mismo año 1961, creo una polémica tan intensa en la intelectualidad, que desembocó en una reunión con el líder de la Revolución. El discurso pronunciado por este, pasó a la historia de la Cultura Cubana con el nombre de “Palabras a los intelectuales” con la derivación de una máxima que ha acompañado todos estos años la política cultural del socialismo cubano –Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada. (Nota de la autora).

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