La colección de arte cubano: CdeCuba Art Collection

MSc. Isdanny Morales Sosa. Havana, Cuba.

 

 

Universidad de La Habana
Facultad de Artes y Letras
Departamento Historia del Arte

 

MAESTRÍA HISTORIA DEL ARTE
Séptima edición (2017-2021)

 

 

Breve historia de la formación de la colección

La colección es iniciada por Ximo Sánchez en el año 2008 en paralelo al nacimiento de la revista CdeCuba Art Magazine. Desde siempre a Ximo le había interesado atesorar objetos. Primero fueron cromos de futbolistas de equipos españoles, billetes y monedas antiguas que sus abuelos paternos le regalaran siendo muy pequeño; más adelante, sellos y arena de playa de sus viajes por diferentes países, y desde hace más de diez años, arte cubano.

En julio del año 2000, viajó por primera vez a Cuba, movido por el interés de hurgar en los lazos culturales que unen a Cuba y España. En aquella ocasión visitó galerías y estudios de artistas y adquirió algunas piezas en cartulina que luego en España se venderían casi completamente a través de una expo-venta entre amigos que el propio Ximo realizara en su casa-galería. Este hecho marcó el inicio de su interés en el arte cubano. Al año siguiente regresó a La Habana y ocurrió algo que considera decisivo en su joven carrera. Conoció a Raúl Puig, un pintor cubano-catalán que tuvo como maestros a Pablo Picasso y Diego Rivera. Quedó fascinado con sus historias, entabló una relación profesional y de amistad por muchos años, fue quien lo incitara a formarse en Historia del Arte. Con solo 24 años comenzó a coleccionar y comercializar la obra de Raúl Puig.

Poco después y tras sucesivos viajes a Cuba, lo que en principio fuera una modesta colección básicamente destinada al disfrute personal, crecería de la mano del nacimiento de la revista CdeCuba Art Magazine, cuya propuesta es la de registrar y promover el arte visual más joven realizado dentro y fuera de la isla. Desde entonces la colección ha estado en constante crecimiento y cuenta hoy con alrededor de 400 obras de artistas nacionales que se encuentran residiendo en Cuba, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. La revista funciona como un catálogo de arte cubano contemporáneo, como un registro visual del arte que en estos momentos se produce, sobre todo de cara a las más jóvenes hornadas de creadores. CdeCuba Art Magazine sirve como un puente de diálogo importante entre creadores, críticos, curadores, coleccionistas y galeristas.

Medios, líneas temáticas y principales artistas

La colección se encuentra conformada por una gran cantidad de medios, principalmente pintura, dibujo, Art-Objet, fotografía, escultura, grabado e instalación. Las piezas han sido creadas entre 1999 y 2018 por artistas que pertenecen a la llamada por algunos “Generación del milenio”, creadores cuyas poéticas han emergido posterior a los años 2000. De tal suerte, funciona como un registro documental de la producción más joven y emergente. En la colección se encuentran no solo las obras de artistas que ya han alcanzado reconocimiento en el medio artístico, sea esto por una presencia sistemática en exposiciones tanto individuales como colectivas, en ferias de arte, por estar representados por galerías importantes o por pertenecer a colecciones tanto públicas como privadas de renombre internacional; sino también las piezas de creadores más jóvenes y que todavía no han alcanzado el statu quo anterior. En definitiva, la colección funciona como un termómetro a través del cual se puede visualizar cuáles son las principales tendencias, preocupaciones, líneas temáticas o procedimientos que les han venido interesando a los creadores cubanos durante las dos últimas décadas.

De este modo, a grandes rasgos, son representativas en CdeCuba Art Collection las obras de una primera promoción de creadores que comienza a actuar con mayor énfasis y repercusión en el medio desde los 2000 en adelante. Muchas de estas piezas enlazan con la producción de los ochenta y noventa en tanto también abordan problemáticas y asuntos concernientes al contexto político nacional con vocación sociológica, en otras, antropológica. Tales son los casos de la poética de Duvier del Dago (Iconografía política, 2009) que, partiendo en sus dibujos del lenguaje del cómic, conjuga imágenes de figuras femeninas altamente erotizadas con determinados símbolos militares o frases de la retórica política; o de José Ángel Vincench (Serie Compromiso o ficción de la pintura, 2010), cuya obra nace como resultado de un paulatino proceso de superposición de letras de las palabras propias del vocabulario socio-político insular, entre ellas: “Disidente”, “Gusano”, “Exilio” que termina en un palimpsesto de imágenes que dan lugar a una obra abstracta. También a esta promoción pertenecen las piezas de Jorge Wellesley (Serie Ensayos sobre el discurso, 2012) y David Beltrán (Ho Chi Minh, 2013)  o Alan Manuel González (Marcha atrás…, 2016).

En esta misma cuerda una tendencia recurrente del arte cubano contemporáneo y que se encuentra presente en CdeCuba Art Collection es aquella que marca una traslación en los modos de articulación, creación y comprensión del arte en tanto la obra-objeto, o incluso un proceso entendido ya como obra en sí misma, se desarrolla no siguiendo los métodos clásicos técnicos, sino que es posible mediante un arduo trabajo de investigación, no en arte, sino en la Historia o microhistorias. De tal suerte, en esta línea se privilegia la investigación como recurso de trabajo y se abordan temas vinculados a los modos de articulación de las relaciones entre Historia y Poder que constituyen finalmente ejercicios de deconstrucción de la Historia, de los mitos, de los imaginarios y la memoria, y contienen valor antropológico como es el caso de las piezas de Henri Eric Hernández (Ni inocencia ni experiencia, 2013), Celia-Yunior (La cita, 2016), Levi Orta (Notebook, 2010), Reynier Leyva Novo (No me gusta el rojo, 2009-2011), Duniesky Martín (La vida de los otros nunca ha dejado… ser nosotros, 2007-2008).

En estas obras, herederas de momentos anteriores de la creación nacional, existe un encuentro de saberes que desbordan los procedimientos propios del arte entendido en los términos de la tradición, pues se apropian de herramientas híbridas emparentadas con la Filosofía, la Lingüística, la Sociología o la Antropología como los Estudios Culturales o las teorías de los imaginarios sociales. Debido a las problemáticas tan sensibles que abordan estos artistas han creado un estado de tensión fuerte con la institucionalidad política cubana, marcando un punto candente en la historia del arte cubano reciente y son muy representativos dentro del panorama actual.

Una de las líneas también distintivas que se encuentran dentro de la colección es la de la Nueva Pintura, término que usara en 2008 el crítico y curador Píter Ortega o que paralelamente bautizara Rufo Caballero como la pintura pepilla para describir el reforzamiento del ejercicio de la pintura en nuestro contexto insular hacia la primera década de los 2000 por parte de jóvenes creadores nacidos mayormente entre 1981 y 1985 y en aquel entonces estudiantes o recién graduados del ISA luego de dos décadas en las cuales la instalación, el objeto y el performance habían sido los géneros favoritos del patio. En este sentido, dicho momento de la reciente historia del arte cubano se encuentra representado dentro de la colección a partir de las obras de Alejandro Campins (Appaloosa, 2010), Michel Pérez Pollo (Los límites del pensamiento, 2010), Niels Reyes (Las dos miradas, 2011), José Eduardo Yaque (Lambeth Bridge, 2013), Osvaldo González (Si te he visto, no me acuerdo, 2009), Orestes Hernández (La canastilla, 2009) y Rubén Fuentes (La isla infinita, 2012-2013).

Todos estos artistas se nutren de los colosales ejercicios artísticos de Peter Doig, Anselm Kiefer, Miquel Barceló, Gerhard Richter, Mark Rothko, Frank Stella o Robert Ryman, por solo mencionar algunos pocos, maestros todos de la pintura contemporánea. Estos artistas en su momento despertaron ciertas ronchas y polémicas en el contexto nacional debido a la desaprobación de la pintura como género contemporáneo por parte de muchos críticos, curadores y especialistas a favor de tendencias instalativas, conceptuales o performáticas con la que cobraba forma una línea muchas veces sociologizante y de viso político heredada de los ochenta. En cambio, para otros, una idea que comparto: para crear obras de arte no existen medios más o menos correctos en función de generar una propuesta contemporánea, sino que existen estrategias discursivas contemporáneas allende a cualquier medio expresivo.

No obstante las querellas, la pintura volvió a calar como un procedimiento al uso en el contexto insular en buena medida también por el principal argumento de sus opositores de que realmente constituye el medio de más fácil comercialización y demanda en el mercado de arte. Sea cual fuera la razón tras una primera generación como la de Campins, Niels o El Pollo con obras y estilos ya depurados y de reconocimiento, ha devenido una oleada de jóvenes pintores que actualmente están actuando como piezas del arte cubano más emergente. Estos creadores problematizan y abordan temas relacionados con el paisaje, la filosofía oriental y, en específico, la meditación como práctica, el arte como lenguaje, la crisis existencial y los modos de expresar visualmente determinadas emociones como el desencanto, la sequía del alma, la inconsciencia, entre otros. Estas noveles poéticas de creadores que nacieron después de 1986 también se encuentran muy bien representadas en CdeCuba Art Collection. Tales son los casos de Maikel Sotomayor (Seguirán viniendo del norte, 2016), Richard Somonte (Montaña y nube, 2016), Dayron Gallardo (Allá donde la sombra se arma de flechas de oro, 2016), Kmilo Morales (Oleaje, 2016), Karlos Pérez (Ametropía, Test no.1, 2012), Luis Enrique López-Chávez (La Trinidad según Andre Rubliov, 2013), Lancelot Alonso (Serie Delirio, 2014), Elizabet Cerviño (Arrastrar el punto de anclaje, 2009-2010), Miriannys Montes de Oca (Todos con fe, 2016) y otros tantos.

Se encuentran dentro de la colección las obras de artistas que no pertenecen a las generaciones anteriormente citadas, pero que son figuras clave dentro del arte cubano contemporáneo como Carlos Quintana (El Ñate in love, 2012), Ángel Delgado (El peso de la justicia II, 2009), Frank León (Open door Closed door, 2017), Noel Morera (Serie Puertos de La Habana, 2005), Pedro Vizcaíno (Serie Ovni, 2010) o Ángel Ricardo Ricardo Ríos (Sin título, 2016) , entre otros.

Planes de crecimiento futuro

CdeCuba Art Collection se encuentra en constante crecimiento en paralelo con la revista CdeCuba Art Magazine.

Exposición y socialización de las obras

La colección se ha mostrado a través de diferentes canales, sobre todo de mayor sistematicidad han sido los medios digitales pues cuenta con un apartado permanente dentro del sitio de la revista CdeCuba Art Magazine (www.cdecuba.org) donde se muestran todas las obras; así como a través de la web propia de la colección www.collectioncdecubamagazine.com. Además, se promueve a través de las redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, Flickr o YouTube generando una actividad constante.

Ximo Sánchez ha distribuido y presentado la revista en Estados Unidos, Cuba y España. La ha promocionado a título personal en ferias de arte, en universidades, entre artistas, curadores y críticos, lo cual equivale también a promocionar la colección.

CONCLUSIONES

En este estudio se ha presentado la colección de la revista CdeCuba Art Magazine, iniciativa que desde el año 2008 ha estado gestando sistemáticamente Ximo Sánchez y su equipo de trabajo con los objetivos de realizar un registro y promocionar el arte cubano realizado por los más jóvenes creadores a nivel internacional. Desde la fecha hasta la actualidad, la colección cuenta con alrededor de 400 piezas producidas por artistas cubanos dentro y fuera del país, lo cual funciona como un termómetro para analizar y conocer cuáles han sido algunas de las principales poéticas y líneas temáticas representativas en buena parte de la producción insular de los últimos años.

La colección en conjunto con la revista funciona como un espacio de promoción para los artistas y, sin dudas, los pone al conocimiento de críticos, curadores y especialistas en general, una oportunidad valiosa en nuestro contexto, donde justamente escasean coleccionistas y revistas especializadas en arte. De tal suerte, frente a un panorama tan desolador como el nuestro en el que no existe un museo de arte contemporáneo cubano y que en buena medida las colecciones de los centros de arte estatales no tienen el mejor de los espacios para la conservación de las obras, es muy importante una iniciativa como esta que permite hacer un archivo de lo que se ha producido en materia artística durante las dos recientes décadas.